viernes, 9 de octubre de 2020

La escuela histórica: Nieburh, Ranke, Droysen y Dilthey

Ángel Américo Fernández La llamada escuela histórica es un acontecimiento cultural alemán del siglo XIX nacido en el clima del romanticismo. Así como el dieciochesco siglo de la Ilustración fue llamado el siglo de los filósofos, el siglo XIX -dice E. Cassirer- es el siglo de los historiadores. Las coordenadas de la época estaban marcadas por el idealismo de Hegel, el peso del racionalismo ilustrado y la cantera de la tradición como aporte romántico. En este contexto es que se da la emergencia de una élite intelectual de historiadores de talante que se expresa en la agudeza de hombres como Nieburh, Ranke, Droysen y Dilthey. Sus desvelos teóricos versaron sobre cuestiones como la autenticidad de las fuentes, la objetividad, la construcción del conocimiento histórico y el sentido de la historia. En punto al orden de la exposición de sus ideas, repasaremos a estos autores por separado. Barthold Nieburh Nieburh (1776-1831), filólogo, investigador y profesor de historia de la Universidad de Berlín, cátedra que asumió desde 1810. Con este pensador se gesta un cambio sustantivo que va a modelar la historia como ciencia moderna cuando toma contorno el matrimonio entre la tradición histórica literaria y la erudición documental en el marco de una concepción de la historia que asume “el fluir temporal humano como proceso causal, inmanente, irreversible y racional, y ya no sólo como mera sucesión cronológica de acontecimientos” (Moradiellos, 2001, p. 51). En Nieburh hace su aparición un método histórico crítico con anclaje en un trabajo filológico que interpela a fondo los documentos desde un esquema teórico-ideológico y político trenzado en el pensamiento del investigador. La intención es que la narración histórica “debe revelar, como mínimo, alguna probabilidad de conexiones generales de los acontecimientos” (Id). La obra principal de este autor es la Historia Romana en dos volúmenes. Allí, el origen del Estado romano no es abordado con base en relatos como los de Tito Libio y los clásicos, sino como la formación de un aparato histórico con su gramática para la organización y el control de una comunidad histórica en crecimiento. Un ilustre de la propia escuela histórica ha valorado su performance en estos términos: “Su gran profundidad histórica y política, su arte de interrogar las fuentes, su arte maestro de la interpretación de situaciones y condiciones políticas le permitieron mostrar cosas, de las que Libio y sus contemporáneos no tenían sospecha alguna (Droysen, 1983, p.103). La obra de Nieburh significó la transición de la erudición a la ciencia histórica. Se deshizo la tradición fabulosa. Su hilo conductor era reconstruir la realidad del pasado a fin de “establecer las conexiones significativas entre acontecimientos y estructuras”. Leopold Von Ranke Ranke (1795-1886), nació en Wiehe, Alemania y ocupó cátedra en las Universidades Humboldt y Berlín. En este pensador hay una preocupación por una epistemología de la historia y un enfoque destinado a desentrañar el móvil profundo del proceso histórico. En este terreno se encuentra su concepto de acción como clavija de la historia universal. “se define precisamente por esto […] Una acción lo es cuando hace historia, esto es, cuando tiene un efecto que le confiere un significado histórico duradero. Los elementos del nexo histórico se determinan pues de hecho en el sentido de una teleología inconsciente que los reúne y que excluye de él lo que no tiene significado” (Gadamer, 1984, P.260). Una acción libre se vuelve históricamente decisiva cuando va abriendo un momento auroral, articulación de hechos que hacen época o que generan crisis, cambios, desplazamientos jalonados por individuos de la historia o, en la acepción de Ranke, “espíritus originales” que bregan de modo autónomo en el teatro agonístico y dialéctico de las ideas o en las grandes confrontaciones entre naciones o Estados, contribuyendo con sus acciones a espolear hacia el futuro. Para explicar los móviles profundos del proceso histórico apela Ranke al concepto de fuerza, porque ésta es desencadenante de procesos, de relaciones causa/efecto y especialmente, de una apertura porque “una fuerza original y común de todo hacer” es lo que se llama libertad. Estamos ente una concepción universal de la historia en la que quedan relevados los planes y las concepciones de los hombres actuantes en los procesos, pues el sentido del acontecer se apoya explícitamente en los efectos históricos que permiten identificar las fuerzas históricas. En este contexto, no resulta extraño que para Ranke los Estados no son meramente estructuras políticas o de derecho, sino fuerzas vivas “seres espirituales reales”. Ranke los llama “ideas de Dios”, y precisamente aquí topamos con el presupuesto de las llamadas fuerzas, tienen un origen espiritual y su sistematización hace pensar en una suerte de panteísmo. La invocación de la categoría “fuerza” le permitió a Ranke pensar en la trabazón de la historia como dato de origen. La fuerza alcanza su realidad como juego de fuerzas y la historia es uno de estos juegos de fuerza. La mencionada tesis tiene implicaciones en su interpretación de ciertos pasajes de la historia europea: Europa surge como resultado de un conflicto de fuerzas entre los pueblos románicos y germánicos. Johan Gustav Droysen Droysen (1808-1884), ocupó la cátedra de historia en las Universidades de Jena y Berlín. Su obra máxima titulada Histórica tiene una plaza asegurada entre las más profundas del pensamiento sobre el devenir humano. También escribió un libro sobre Alejandro Magno. En su Histórica marca ruptura contra el empirismo ingenuo y contra el espiritualismo hegeliano. En cambio, aunque no lo dice explícitamente, se nota muy envuelto en el “aire de familia” distintivo del concepto de “fuerza” esgrimido en la argumentación de Ranke. En esa línea extraerá de su “caja de herramientas” el concepto de “poderes morales”. Sostiene que la investigación histórica no se sustenta en indagar los secretos de las personas individuales sino en lo que los individuos significan en el movimiento de los poderes morales. Allí queda conectada la historia con el campo de la acción práctica en asuntos como el hacer, el deber, la patria, el convivir, lo ético etc. “No son los modelos individuales sino todo el rasgo superior ético de la historia lo que debe llenarnos: este tipo de lo esencial. De lo poderoso, de lo sublime, este poder de los grandes puntos de vista, de los grandes motivos, de las fuerzas, del espíritu de grandeza (Droysen, 1983 p.372). En este marco, el concepto de los poderes morales se convierte en la clave maestra y central para fundar el modo de ser de la historia, su estructura, pero también en el fundamento de la posibilidad del conocimiento histórico. El referido estamento conceptual tiene la ventaja de poseer unos contornos más objetivos desde un punto de vista histórico que el concepto de fuerza. A este tenor revisa el significado de “hecho histórico” para sostener que el individuo aislado en lo azaroso de sus impulsos y objetivos particulares, no puede ser ponderado en la historicidad. El individuo sólo se constituye en el estelar plano de la historia cuando es capaz de elevarse hasta los aspectos morales comunes y participa en ellos. Navegando sobre el concepto de fuerza heredado de Ranke, este extraordinario hermeneuta funda la historia universal sobre un andamiaje cohesionador de lo histórico más reconocido y objetivo condensado en la fuerza moral o “los poderes morales”. En ellos se encuentra el principio de articulación y unificación como un todo de la historia universal. La fuerza moral del individuo se constituye en poder histórico cuando se incardina en el trabajo para los grandes objetivos comunes. Es poder histórico porque es lo permanente y poderoso que marca la impronta en el curso de las cosas. Las configuraciones de la realidad son determinadas por los poderes morales, suerte de “anillos éticos” que se contraponen, coexisten y se suceden en las “comunidades naturales”, desde la familia y la tribu, pasando por la esfera del saber, el arte y la religión, hasta llegar a la esfera del poder y del Estado. Estas esferas son comprensibles porque son expresión, y eso la eleva a la esfera de la historia y del sentido (Gadamer H., 1984, p.275)). Este autor se caracterizó por pensar la historiografía en categorías estético-hermenéuticas reconstruyendo fragmentos desde la tradición. Wilhelm Dilthey Dilthey (1833-1911), nativo de Biebrich en la Renania. Trabajó en la Universidad de Basilea y en la Universidad de Berlín, destacando con obras maestras como Mundo Histórico e Introducción a las ciencias del espíritu. En su teorización se establece que el fundamento último de la historia como ciencia del espíritu es el concepto de “vida”, pero no se trata de la vida en términos biológicos, sino de la vida humana como explosión de la riqueza y multiplicidad de la “vida histórica”. En su Introducción a las ciencias del espíritu dice: “La única vida que puede llamarse vida a pleno título es la vida humana…el pensamiento no puede ir más allá de la vida…un proceso de fundamentación del conocimiento está obligado a remontarse a la vida” (1944, Documentos autobiográficos XIX), La vida humana está dotada de espíritu, es la única que puede engendrar el tejido de la historia, la única que puede crear las grandes formaciones culturales en el tiempo. La especificidad del mundo histórico, a diferencia de la naturaleza, es que en ese mundo espiritual se puede fijar a las cosas o a las acciones, valor, significado y fin (Mundo histórico, 1944, p.103). Lo histórico como objeto se constituye “en la medida en que “se viven” estados humanos, en la medida en que se expresan en “manifestaciones de vida” y en la medida en que estas expresiones son comprendidas (Ibíd., p, 107). Las objetividades de la historia quedan identificadas como ssucesos, naciones, Estados, iglesias guerras y creaciones culturales, pero lo medular es aferrar los motivos espirituales que los generan en aras de fijar las conexiones de sentido. Algunos autores han endosado a la obra de Dilthey un cierto psicologismo, pero esa apreciación no es correcta, por cuanto Dilthey no se queda atrapado en una vivencia solipsista o en una subjetividad que contempla el mundo, pues una lectura seria de su obra permite captar su envite maestro cuando echa mano del concepto hegeliano de “espíritu objetivo” que implica la noción “comunal” o “mundo compartido” que implica la cultura, la historia y las formas simbólicas. Por tanto, se produce el encuadre del mundo histórico como mundo simbólico que tiene a la base una comunidad de habla. He allí el lecho para echar a andar la empresa hermenéutica que supone interpretación y comprensión incardinado a reconstruir desde la tradición el universo pragmático-semántico de las comunidades históricas. Referencias Dilthey Wilhelm (1944) El mundo Histórico. Fondo de Cultura económica. México. Dilthey Wilhelm (1944). Introducción a las ciencias del espíritu. Fondo de Cultura Económico. México. Droysen, Johan (1983). Histórica . Ed. Alfa. Barcelona. Gadamer, Hans. (1984). Verdad y método. Ed., Sígueme. Salamanca. Moradiellos, Enrique (2001). Las caras de Clío. Ed. Siglo XXI. Madrid

sábado, 3 de febrero de 2018

Karem Suárez publica su primera novela / Néstor Rojas


Karem Suárez, acaba de publicar su novela “Las lágrima de una inmigrante” (publicado por Sultana del Lagos Editores).
En los últimos años se han publicado en Latinoamérica diversos libros sobre la inmigración. Hoy día Venezuela se ha convertido en una referencia del tema. Millones de venezolanos han salido del país, tratando de encontrar futuro en otras partes del mundo. Son miles y miles de compatriotas que se han ido con la esperanza de mejorar su situación y poder ayudar desde el exterior a sus familiares, que quedan aquí en condiciones complicadas.
Recientemente la venezolana Karem Suárez enfoca en su novela “Las lágrima de una inmigrante” (publicado por Sultana del Lagos Editores) el tema de la inmigración de una manera muy interesante. No es la historia de la inmigración más reciente de venezolanos en éxodo hacia diferentes partes del mundo, pero sí una experiencia de vida particular y dolorosa que se hizo escritura autobiográfica. Como dice la propia autora: “se basa en la historia de amor de una mujer caribeña que se fue a Montevideo a migrar sin ningún tipo de nivel de conciencia, sin cerrar ciclos, buscando el amor, sin saber que primero debía amarse a sí misma y desapegarse de sus corazones en Venezuela para poder abrirse al éxito y al verdadero amor sublime”.
Karen Suárez estudió Derecho en la Universidad Católica Andrés Bello. Se graduó de abogada y luego de especialista en Derecho Procesal. Estuvo de permanencia en Montevideo. Uruguay, Posee una Maestría en Mindfulness. Publicó el poemario Versos Libres y Peregrinos (Disponible en Amazon).
“Las lágrimas de una inmigrante/Mindfulness para el ser/Crisis con plenitud” es su primera novela publicada por Sultana del Lagos Editores y disponible en Amazon. Actualmente colabora con el diario cultural venezolano El Maracaibeño, la revista literaria “El Poder de Las Letras” y la revista literaria “Eternity” de España. También colaboró con la Fundación Aliber, para enfermedades raras, participando en el Libro “Universo de Esperanza, Lucha por La Vida”. Pertenece al Movimiento Poético de Maracaibo. Próximos literarios en gestación: poemario “Cantares de Medianoche”, “De cómo vivir sin despedidas” (novela en proceso). Actualmente realiza diplomado sobre poesía guayanesa bajo el tutelaje del poeta y profesor Néstor Rojas.

lunes, 11 de diciembre de 2017

La Poesía de Argenis Daza Guevara


El Poeta José Quiaragua Pinto me ha enviado desde Caracas, tres ejemplares del libro “Sin ninguna Extensión bajo palabra”, edición post morten, del poeta Argenia Daza Guevara, a  objeto de interesar a Ramón Córdova Ascanio para bautizarlo en la Galería “José Martínez Barrios”, de su bufete, en la ocasión de él celebrar los 50 años de periodismo de Enrique Aristeguieta.
El libro de mil ejemplares, fue dado a la luz y puesto en circulación por la Editorial Espada Rota, colección dorada,  como homenaje al poeta, muerto en accidente.
Argenis Daza Guevara nació en Tumeremo en 1939 murió de un accidente  en Caracas en 1994. Hizo estudios de Derecho en la Universidad Central de Venezuela. Poeta y ensayista de destacada trayectoria. Profesor de la Escuela de Comunicación Social de la UCV y colaborador de diversas publicaciones periódicas venezolanas. Perteneció al grupo literario "En Haa", de fuerte presencia en el quehacer cultural de los años 60. Su obra poética está recogida en los libros: Espadas ebrias, 1959; Actos de magia, 1964; Juego de reyes, 1967; Irreales, 1973; Testimonios, Héroes y Cábalas, 1976.
Las palabra de envío del poeta Quiaragua dice:  “Américo, Daza dejó amigos que lo recuerdan en las barras de esta ciudad.  Fue un gran amigo que me acercó a los poetas ingleses.  A Ramos Sucre y a  Yorges Seferis.  Excelente conversador y mejor  para la noche y los vinos.  Siempre lúcido con mente de alguien que en equilibrio, está construyendo una poesía erudita, de asombro, dualidades y certeza”
La poesía de Argenis, por lo que he leído, no es una poesía discursiva, expresiva, de fácil acceso, como la poesía de Pablo Neruda, Andrés Eloy Blanco o Víctor Salazar su compañero de ruta junto con José Balza y Carlos Noguera, es más bien, una poesía hermética, cerrada, casi asfixiante, que da saltos y se sumerge en incomprensibles profundidades.
Velias Bosch, en  su antología “Gente del Orinoco” dice que el “poeta guayanés reafirma sus méritos poéticos en la ambigüedad de su lenguaje lírico y en la vigoroso aprehensión de la realidad como juego y artificio existencial”.
En el año de aparición de su libro Actos de magia,  su paisano Guillermo Sucre, señaló el universo mágico como elemento predominante en la poesía de Argenis "pero su poder transfigurado no es nunca tan dominante, su especial disposición para captar lo alquímico y lo mágico en estado de gracia y de pureza" (. ..) "Sería equivocado ver en estos versos un reflejo simplemente idealizado de la realidad física. Se trata, más bien  una creación mítica donde lo real se niega toda virtualidad  y se vuelve imaginación pura y absoluta".
El escritor y crítico, Juan Liscano califica su poesía de elusiva y ambigua, en tanto, Luis García Morales la denomina “poesía con esa antigua noción de lo poético".
Este último libro de Argenis es como lo indica un poema utilizado como título, una “secuencia de abismos en tonalidades distintas”.  Así podríamos sentirlo en este poema con el cual se inicia su libro:
PERENNES / A perpetuidad / mantén el azar de lo continuo / de toda distancia  / semejante a muerte y acto de vida  / en el múltiple ser uno y ninguno. Acoso del tiempo / parsimonia / sombra sin sombra ni caída fuera de sí./ Etapas innecesarias
Destierro / sonidos de tempestades comenzadas en los delirios ocultos / los nombres amados / pertenecen a las conciencias donde no hay lugar para nombres amados. Cesa la síntesis. / Asomo tras asomo / lo próximo en retroceso / y bajo y sobre / encuentras el discurso del arrepentimiento.
         Siguiendo la calificación de  Liscano de ambigua y  elusiva, vale decir no concreta y específica sino de diversa interpretación, he pensado  que en este poema, el Poeta recomienda una opción en la verdad de la perennidad o perpetuidad, la opción del azar. Porque a fin de cuentas eso es la vida, un juego de azar, en que la sorpresa de lo inesperado es el aliciente lúdico de la existencia, suficiente para uno que no es nadie no obstante ser uno, múltiple o ninguno.  Siempre acosado por el tiempo que virtualmente no hace mella en nuestra sombra parsimoniosa sin sombra que lo cobije aún en “caída fuera de sí”, en todo caso, son etapas de la vida no necesarias si constantemente estás en el destierro  atormentado por los “sonidos de las tempestades comenzadas en los delirios ocultos” de los nombres amados que bien sabemos pertenecen a la conciencia  donde no existe lugar para ellos.  La vida es una síntesis de asomo tras asomo donde lo próximo retrocede hasta cesar bajo tierra prendido de la angustia de poder aflorar  hasta dar con el discurso del arrepentimiento por haber nacido o vivido. 


                   

jueves, 6 de octubre de 2016

V Encuentra de Poetas

Jorge Rafael Casanova Basanta

2:47 (hace 5 horas)
para abelAMARILISANGELAPOLINARArlisARNALDObonayerCARLOSCarlosCARLOSCarlotaCIDESclarisaDanielDanielaDavidERIKADelruthEduardoEUCARIOHOUSNMariaJESUS
Hola, amigas y amigos. Deseo estén bien.

Les informo, que el "V ENCUENTRO DE POETAS Y ESCRITORES DEL ESTADO BOLIVAR", en homenaje a los honorables personajes:  Oscar Pirrongelli Seijas y Leopoldo Villalobos, que en principio estaba pautado para el 27 y 28 de octubre, fue movido una semana después, o sea, para el 03 y 04 de noviembre, por razones de seguridad y sensatez, en vista del acto político constitucional , que tendrá lugar en esa misma  semana.

Les agradezco, tomar las previsiones que amerite este cambio de fecha inesperado.

Saludos.

Un abrazo.

lunes, 26 de septiembre de 2016

JOSÉ MANUEL AGOSTO MÉNDEZ // Carlos Alarico Gómez


Un médico de excepción

             La obra del galeno y poeta guayanés José Manuel Agosto Méndez comenzó a hacerse sentir desde que obtuvo su título de médico en la Universidad Central de Venezuela en 1894, iniciando una labor caracterizada por una actitud altruista en favor de sus pacientes en Ciudad Bolívar, lugar donde nació el 9 de julio de 1871, convirtiendo su profesión en un apostolado.
             Este destacado médico se convirtió también en uno de los más notables poetas de su región, lo que le valió ser ponderado por la crítica especializada como un notable representante de modernismo en la lírica venezolana, debido a su expresión firme y al ritmo de sus versos. Entre sus más bellos aportes fue autor de un hermoso poema sobre Guayana, el cual alcanzó tanta popularidad en la región que el presidente de esa entidad federal, Arístides Tellería, lo decretó letra del Himno del Estado Bolívar en el año 1910. En una de las estrofas de esa bella creación, el poeta Agosto Méndez expresa:
¡Guayana! Santuario de música llena,
que brindas al alma contento y solaz,
permitan los hados que siempre en tu seno
sus rosas y mirtos deshojen la paz.
           La decisión del presidente del Estado Bolívar sobre el Himno fue acogida con agrado por el pueblo guayanés y, sobre todo por los poetas de la región, como el caso de Jean Aristeigueta, Alarico Gómez y Elías Inaty. Además, el doctor Agosto Méndez también se destacó como periodista, publicando numerosos trabajos como colaborador de "El Cojo Ilustrado" y “El Luchador”. Fue Director de la "Gaceta Médica" de Ciudad Bolívar y de la Revista "Horizontes" y, además, ejerció la docencia como profesor del Colegio Federal de Ciudad Bolívar.
          Agosto Méndez fue miembro de la Junta “Apoteosis del general Antonio Paredes” y le correspondió acompañar los restos mortales de ese joven militar durante su traslado a Caracas en 1909, una vez que la Corte Suprema de Justicia (hoy Tribunal Supremo) decidiera abrirle juicio por asesinato al presidente Cipriano Castro, responsable de ordenar el fusilamiento del general Paredes, la cual se llevó a cabo a bordo del buque “El Socorro” frente a la población de Barrancas del Orinoco el 15 de febrero de 1907.
          También se dedicó al servicio público en su ciudad natal y formó parte de las comisiones de Sanidad y Educación, que fueron designadas por el Congreso de Municipalidades celebrado en 1911 para conmemorar el primer centenario de la Independencia de Venezuela.
           Este venezolano excepcional fue electo Diputado, pero solamente aceptó hacerlo en calidad de suplente para el período 1919-1921, ya que su responsabilidad como médico no le permitía ausentarse de la ciudad por mucho tiempo. Posteriormente fue electo Senador, pero también en esa oportunidad puso la misma condición y actuó como suplente durante los períodos de 1921-1924 y 1924-1927.  
          Es de hacer notar que jamás tuvo bienes de fortuna y por lo tanto no pudo adquirir casa familiar, lo que trató de ser subsanado por la Asamblea Legislativa del Estado Bolívar, de la que había sido presidente, quien decidió pedirle a la ciudadanía que aportara lo que pudiese para regalarle una casa a ese hombre extraordinario, que tanto bien le había hecho a sus habitantes. La suscripción popular tuvo éxito -como era de suponer- y le empezaron a construir la casa para que allí pudiera celebrar sus bodas de oro profesionales. Lamentablemente, el doctor Agosto enfermó gravemente y falleció en Ciudad Bolívar -antes de que se concluyera la obra- el miércoles 9 de febrero del año 1944.  En la nota de duelo que apareció publicada en el diario “El Luchador” decía que: “Murió pobre, sin casa propia”, pero debió haberse aclarado que esa pobreza se debió a que fue un médico humanitario, que usaba sus ganancias para socorrer al necesitado. En cambio, fue rico en amistades y en el aprecio popular, además de excelente poeta y buen escritor.
           Ciertamente, pudo haberse hecho rico en pocos años para vivir con esplendor, pero prefirió dedicarse al servicio público, honrando a su tierra nativa con su esclarecido talento, sus virtudes ciudadanas y su abnegada labor profesional.
          Su sepelio fue un día de duelo en Ciudad Bolívar. La población se volcó en las calles para acompañarlo en su jornada final. Fue velado en el Liceo Fernando Peñalver, donde el doctor José Gabriel Machado pronunció la oración fúnebre. Luego lo llevaron a la plaza Miranda, donde José Luis Aristeguieta, cuñado del finado, habló en nombre de la familia; en tanto que el doctor Lino Maradey lo hizo en representación del gremio médico y Adán Blanco Ledezma lo hizo en representación de profesores y estudiantes. Todos coincidieron en que “Lo importante no es deplorar su pérdida sino recoger su ejemplo y proyectarlo”.
           Al saber su deceso, el escritor guayanés Manuel Alfredo Rodríguez,  escribió una semblanza en la cual expresaba: “Me parece ver su estampa de hidalgo, andar y desandar las calles de Ciudad Bolívar en las visitas a sus enfermos. Era muy blanco, alto, delgado y un tanto desgarbado. Su indumentaria incluía chaleco y cuello de pajarita. Se tocaba la calva venerable con sombrero blanco, la caña de su calzado le subía hasta un palmo más arriba de los tobillos y portaba un fino bastón. A su paso, todos los transeúntes le cedían la acera y le saludaban con afectuoso respeto. Era un homenaje al médico filántropo y al “Príncipe de las letras guayanesas”.
            Lamentablemente, la que iba a ser su casa se encuentra hoy en el más completo deterioro,  a pesar de la intensa labor que desarrolló el doctor Agosto Méndez en beneficio del pueblo guayanés. Sin duda dejó una herencia cultural sólida que se tradujo en 12 poemarios y 17 libros en prosa, pero lo más importante fue su ejemplo como profesional, servidor público y ciudadano digno. Entre sus obras figuran: Guayanesas, Siluetas Literarias, Canción de otoño, Poemas libres, Perfiles Médicos (dos tomos), Evolución de la medicina en Guayana, Letras vernáculas, Horas de un Médico y Sinfonías patriotas.

miércoles, 1 de julio de 2015

Poetas bolivarenses homenajearan a Francisco Arévalo

El poeta Francisco Arévalo será el homenajeado
en el IV Encuentro de poetas y escritores
del estado Bolívar.

Después de haberse cumplido, en el lapso de tiempo establecido, con el proceso de  postulaciones por municipio, para escoger al próximo homenajeado en el IV Encuentro de poetas y escritores del estado Bolívar, organizado por la fundación civil cultural editorial “Poetas del Río”, la Comisión Evaluadora creada para tal fin, integrada por los conocidos  escritores  Néstor Rojas, Fedry Yendez y Alcides Izaguirre, una vez recibidas y analizadas las credenciales presentadas, decidió por unanimidad postular para este año 2015 al poeta y narrador guayanés Francisco Arévalo, por reunir las siguientes condiciones:
1.- Francisco Arévalo es un guayanés que ha vivido toda su vida en esta tierra de gracia donde ha sido un ferviente e incansable promotor cultural. 2.- Tiene más de treinta años ensalzando estéticamente el estamento regional, nacional e internacional. 3.-  Su actividad escritural se ha materializado con la publicación de alrededor de más de quince (15) publicaciones que oscilan entre la lírica y la ficción. 4.-  La mayoría de sus trabajos han sido reconocidos por el sistema de recepción de los certámenes literarios y reconocidos en antologías, por la crítica y el ensayo literarios. 5.-  Porque su obra de densa factura estética, holística y telúrica gira metafóricamente alrededor de estos parajes de hormigón.
Entre sus libros publicados, novela: La esquizofrenia de las golondrinas (1999), Adiós Matanzas en invierno (1999), Tropiezo en el campanario (2008). Poesía: Razones de noctívago (2005), Agrio de colmena, Adiós a Madrid (2007), Más sobre el río (2012), Cerodosochoseis (2014), Heridas o la claridad del deseo (2014).
Algunos de tantos premios recibidos, en narrativa: FLASA (1997), FUNDARTE (1997), Premio Nacional de Literatura Alarico Gómez (2007). En poesía: Premio Casa de la Cultura, Ciudad Guayana (1987), José Eugenio Sánchez Negrón (1990), Bienal Alejandro Natera (1990), Municipal de Poesía J.M. Agosto Méndez (1995), Tomas Alfaro Calatrava (2000), Ciudad de Cumana (2000). Además, ha recibido una significativa cantidad de menciones honoríficas, en ambos géneros.


Por la Comisión Evaluadora: Néstor Rojas, Fedry Yendez y Alcides Izaguirre.

martes, 30 de junio de 2015

Duelo, Desvelos y Devociones

En estos días me encontré con el antiguo dirigente político, Oscar Rodríguez y me sorprendió con dos libros de su hija Albor Rodríguez; “Duelo”, “Desvelos y Devociones”. A Albor Rodríguez la conocí (1991) recién graduada de periodista y le ofrecí se encargara de la coordinación y producción de la revista de la Asociación Venezolana de Escritores, Seccional Bolívar. “La Palabra” que ella previa consulta con la directiva que yo presidia como secretario general, le cambió el nombre por el de “Urinoko”, primitiva denominación del río padre de todos los ríos venezolanos.
Después de varios números de la revista con formato muy distinto diseñado por Iván Castillo, Albor hizo carrera en Caracas como periodista de la página de Arte de El Nacional donde estuvo 16 años interrumpidos por cortos períodos en otros diarios de Venezuela (El Tiempo de Puerto La Cruz); de España (El País): de Bolivia (El Mundo).
También experimentó la escritura más allá del periodismo hasta publicar “De eso no se habla”, “La huella del Sida en Venezuela” (premiado) y otros libros, entre ellos, “Desvelos y Devociones” y “Duelo”. El primero corresponde a una serie que se ha propuesto la empresa Cigarrera Bigott para tomar el pulso de la crónica en Venezuela, producto del Seminario de Periodismo Narrativo y de Investigación, que organiza la empresa desde el año 2006.
Este seminario busca rescatar historias y darle a sus narradores, los periodistas, herramientas académicas, prácticas, y la oportunidad de escribirlas en una edición que año a año recoge diversas realidades del país.
La del 2013 reúne estos 18 títulos de una actividad dirigida por la misma Albor Rodríguez y Alfredo Meza, acompañados en charlas y conversatorios por importantes figuras de la comunicación y narración nacional como Boris Muñoz, Leonardo Padrón, Manuel Abrizo y Emilia Díaz: Ahiana Figueroa: Auge y caída de un banquero en la era chavista. Alicia Hernández: El viacrucis de Massiel Pacheco. Ana Rodríguez: El agua que nadie puede beber. Andrea Montilla Kauefati: Los sapos se esconden en Chile. Daniel Murolo: El día que ardió la Panamericana. Erick Lezama: La fama esquiva del valiente Strippoli. Johanna Rodríguez: Las voces que mataron a Lucho. Julio Materano: El hospital donde nadie muere. Lissette Cardona: La banda bajo la escalera. Luisa Mendoza Pérez: El estudiante que no volvió a su casa. Luzmila Mejía Smith: De la euforia a la desesperanza. Maisdulin Younis: Violaciones silenciadas. María Gabriela Fernández B. La arepa de oro. Ilaría José Martínez: A Xavier le quitaron la fuerza. Mariela Vásquez: Chacao en medio de las bombas. Italia Matamoros: La casa del horror. Sauel Morales: El rostro de una invasión. Lilliam Croes: Las grietas que desvelan a Cubiro. Ialdyn Vargas: La quinceañera que no llegó para bailar el vals.
El otro libro “Duelo” es un testimonio desgarrador de Juan Sebastián, su único hijo, un año cuatro meses y tres días de nacido, muerto ahogado en la piscina de su propia casa, un lluvioso jueves por la tarde, 23 de agosto de 2012, guiado en solitario por su riesgosa e implacable inquietud de niño explorador.
Y, ahora, la madre, en un injusto intento de mea culpa, trata de drenar su corazón herido sobre la palabra o, en todo caso, reconstruir su hijo muerto con la arcilla de su propia artesanía como procurando un imposible milagro de resurrección.
La desesperación es tanta que al no poder sostenerse en el letargo de su cuerpo desmayado, casi sin sentido, ni en la fragilidad de su pluma, acude permanente e instintivamente al camposanto donde la humedad de la tierra y la grama encendida de capachos abrigan el cuerpo de su niño insigne. El cementerio se abre entonces como refugio de su alma perseguida por el fantasma inquieto y azaroso de su sangre.



--oo0oo--
Duelo trata de la muerte de un niño de catorce meses. Pero la narradora logra que veamos la historia de un niño vivo. Creo decirlo con propiedad, yo, testigo de la conmoción que causó  ese accidente infausto. La novela es contada desde una impresionante racionalidad narrativa; cuida los detalles arduos de la narración sin omitir casi ninguno, considerando que ésta comienza con la desgarradura de una mujer que pierde a su único hijo, que se siente “escindida”, desenraizada, quizás enloquecida. No obstante, eso lo logra un narrador que piensa en su lector y en el desconsuelo que le causaría un “hecho atroz”.  
En Duelo también nos adentramos en historias entrecruzadas como la de la finca La muchachera, en la del gentilicio bolivarense que se nos presenta como añoranza permanente de la  narradora, en el “milagro” de la vida visto por alguien que pierde a su único hijo desde su propia y múltiples experiencias similares. Duelo escudriña ese hilo imperceptible entre el éxito y la desgracia, entre la vida y la muerte. Es, pues, el testimonio de una mujer y una familia desgarrada. Pero las palabras cuentan la historia de un niño que vive en cada pasaje de esta hermosa novela de Albor Rodríguez.

Rusalca Fernández