domingo, 10 de enero de 2010

JOSÉ QUIARAGUA / El Río Encantado


Creo que Artaud afirmó que la poesía es una forma de vida. Una frase espléndida que define la tensión en que se debate el creador, en este caso, el poeta.Un estado que algunos lo perciben como de alucinación o locura. Un ámbito donde el hom­bre se enfrenta con las visiones de la realidad. En uno y otro caso hemos visto a los grandes poetas, Dante, Rimbaud, Baudelaire, quienes borraron en sus universos particulares los límites del sueño y la vigilia.Aludo aquí a lo más caro de nuestras adolescencias: la combustión del espíritu con las palabras. La enfermedad de los sentidos, esa que nace cuando el poeta se ejercita en el mirar. Resto de esa operación, yo diría mágica, es el poema. Lo que ya no nos pertenece. La huella que deja el hombre luego de incendiar grandes extensiones de selvas vírgenes.El tiempo, que desmorona los alcázares y da una ilusoria perennidad a las rosas, pule la mirada, acerca los poemas al vacío. Lo que quedará será de todos, menos del poeta, quien dejará sus pasitos de hombre.O su rostro frente al río encantado,clon de se escuchan cantos de aves, clamores de mujeres que también son las hadas. Y Ulises cruzando el mar, atado a su barca, para no enloquecer en su eterno regreso

ONDINA FERNÁNDEZ /Comprometida con mi verdad




La perspectiva de un escritor es verdaderamente amplia. El auténtico escritor se siente comprometido, antes que nada, consigo mismo, con su verdad y la realidad que lo rodea. El es dueño de un mundo que se le presenta con una multiplicidad de matrices que va moldeando según su intelecto, su sensibilidad y capacidad humana. Librepensador, al fin, de altísimos ideales muy bien definidos, se convierte en un visionario, en el mago de la palabra que transporta a otras dimensiones y niveles del espíritu, sin escapar de una realidad latente, muchas veces dura, que lo conmueve y lo impulsa a una inevitable necesidad de plasmar, comunicar, expresar y dar un universo infinito de posibilidades.

Para mi el hecho de escribir nació de una búsqueda interior, de una sed interminable, de un amor infinito hacia la naturaleza y largas horas de comunión con ella; de una gran interrogante: La Existencia. Desde muy niña mi gran amor, mi gran pasión, mis grandes compañeros fueron los libros. En ellos volcaba toda mi inquietud de saber, mi deseo de esparcimiento, la necesidad de llenar mi espíritu. Devoraba libro tras libro y muchas veces hermosos ejemplares sustituyeron horas que debían ser dedicadas a tareas y estudios de la escuela. Empecé a escribir sin darme cuenta. Como una descarga. Era una vasija que se llenaba y vaciaba constantemente. Vuelta a llenar y vuelta a vaciar...

Con el tiempo he comprendido que escribir es mucho más que un don, mucho más que creatividad, mucho más que arte. Escribir es dar un poco de sí mismo, es también denunciar, es saber decir las cosas. El escritor es un soñador realista, un portavoz, el profeta de la pluma.

Marfisi

De aquellos y de estos años, cuando mi vida se ha volcado hacia ese difícil viaje que emprendemos los poetas en las partículas de la vida, me siento en la propia inmensidad asistido de corolas y el perfume etéreo de una fascinación azulísima como los entornos caminos del infinito acantonado de astros. Como poeta, me adentro en una búsqueda más de esos misterios renovadores que se esconden en las cosas; y he allí el descubrimiento de la palabra para el libre ejercicio de un poema. La poesía para mi, es mi yo, un mundo de espejos de imágenes iluminadas en un espacio donde la música busca el perfil de las torres y el color del sol cuando la tarde se fuga adosada de aventuras y noticias.
Siempre he viajado en la palabra en una quietud mágica que se estira delirante, en una distancia corta y breve. Ciño el reposo de mi tristeza en los coposos árboles que bordean el paisaje de mi ciudad. Me siento en el juego de la infancia como un festival de cometas que se erigen hacia las nubes y se pierden como pasajeros en los aires de la vida, del mundo. Siento el hechizo y el rito, y como un enigma, me levanto descalzo a la media noche y escribo con énfasis, ebrio de soledad en el recinto de tantas noches adheridas a mi fiebre lírica impregnada de horas, de relámpagos, de lluvia. En mi poesía las imágenes varían, las convierto en climas y estaciones, siempre en la misma realidad plastificada én la palabra, ejemplo de ello, está en mi libro de poemas LA TARDE AVANZA, LOS PÁJAROS SE ASUSTAN, recientemente bautizado en la Casa de la Cultura Ateneo "Carlos Raúl Villanuevade Ciudad Bolívar".Hay vivencias que las anuncio alrededor de si mismas. Un resplandor, donde las ideas surgen como palpitaciones voraces. He escrito en muchas páginas de arte de mi región desde tempranos años: poemas, prosas y comentarios sobre el quehacer cultural de los artistas Guayaneses y de otras partes de mi país. En mi camino de andares y voces emana la poesía ávida a la que dejo en delirio de sueños y fantasmas; la condimento con frutos azules y la imaginación lánguida de un Orinoco que remonta sus vigilias en el muro filosofal donde sus piedras lamen los sentidos de los siglos para deslizarse a la selva donde las raíces flamean en el mundo de las maravillas. Hablo con el asombro, con las puertas lejanas, con las circunstancias que inician el extrañomundo de la poesía: La palabra, el momento...las cosas. Creo en la fluyente melodía de los violines que en la noche cabalgan como ángeles magestuosos, creo en el espacio para cada cosa en la vida, hay momentos que hablo a solas con la intimidad de la penumbra: Confieso que soy feliz. Sobre otros aspectos la poesía para mí más que un compromiso, es una necesidad, algo que siento,que me estremece y entonces veo todos los abriles fluir más allá de los destellos y de pájaros desconocidos buscando el sendero de los días. He aquí mi palabra de cal, entre espejos, pañuelos y adioses. borrador


JOHN SAMPSON / Corona y Mitra



Si el dolor es un recaudo levanto mi copa

no 'quiero morir

¡Maldita sea la muerte!

II

Un vocablo mío depuró la cebada

y los habitantes del agua

obviaron declarándome representante del incendio

así expedicionario heredé la forma

¿Cuál barro remiso perdido en la bóveda

la senda y el vínculo?

¿Cual sinónimo corta el principio?

¿Quién quita la hiedra?

III

En el diario de la noche quedan rapsodias

y el navío bebe mi sangre Hijo mío

IV

La siega mía es

Yo presentí que El Barco de Rimbaud anclaría

en mis interrogatorios

Yo supuse una ráfaga relente en los feligreses del lodo olvidando la tesitura del vértigo.

Yo que vendí un libro para matar el hambre. Yo que me intereso del hito a guisa de clave Yo creí

Yo que soy una copia fotostática del destierro que no interpreto Los Congresos Nacionales Internacionales o Intersiderales

Yo que sueño un cenotafio en montes de brezo parigual al vacío de risco en risco.

Yo que soy dado a intuirme y develar arcanos que yazgo para vindicar y me evito

que he desperdiciado piedra y cántaro esperando el simulacro de los cereales

Yo que peleo a cuchillo con las telarañas

soñándome el ataque de Scila y la pirámide

que no soy corporativo

que sin duda dudo de El Error y el Pluscuamperfecto.

Yo que magistro ninguna magistratura

esperando el verso definitivo whisky franqueándome

Yo que lo único que hago

es no preguntar que hacen los demás que domeñé el horario de las serpentinas donde voy a hacer noches.

Yo que amisté con los árboles y perdí su cifra que disentí de una violeta socialista

y tuve un pacto con un perro que era mi crítico

Yo que no tengo aliados en el Purgatorio ni cómplices en Groenlandia

que me ufana el mistral

y la postulación de las enaguas que obvié judicaturas

y desdenes de mayo

en los masturbatorios de Zaratrustra

Yo que soy mi víspera Mi Coran y Mi Moneda que conozco mis latitudes y con decoro asumo pensando que desaparecerá mi sombra,

pensando que algún soneto hará invulnerable mi celda pensando en el Amo

pensando que DIOS tendrá atributos para llamarme en Esta Vida

sábado, 9 de enero de 2010

TERESA CORASPE / El oficio de escribir duele




Cuando penetramos nuestro interior y buscamos cada vez más hondo, hasta que duela, ya lo demás se torna secundario, las personas también desaparecen y nos dejan una soledad aún mayor porque rehuyen el silencio, no les atrae el lento discurrir del tiempo en habitaciones donde sólo existen libros abiertos y sus fantasmas que se confunden con nosotros en una dolorosa complicidad y vivimos sus vidas, y lloramos sus muertes en una repetición incesante de búsqueda del aliento perdido, y tratamos desesperadamente de reconstruir sus miradas, sus rostros, sus gestos; con esta terrible crisis nos enfrentamos al otro mundo: el que mis rodea y uno se pone la máscara y, sonríe; saludamos y enseñamos los dientes y los otros miran nuestra sonrisa y ven el espejismo de una felicidad, porque el oficio del escritor duele, no como creen algunos que eludimos la realidad, este es un concepto falso, el dolor proviene precisamente de lo contrario: de vivirla y profun¬dizarla mucho más que el común de la gente.
Uno como escritor, es el gran solitario de la vida porque sentimos el entorno en toda su dimensión: el universo, la eternidad, la tierra con todas sus alegrías y miserias. Para ser un escritor hay que sentir la vida en su totalidad, no en los análisis mezquinos de lo inmediato y particular, sino con la visión de nuestro ser como punto de partida o referencia: el poeta solo y desvalido ante lo desconocido, grande y pequeño a la vez, en una dualidad que va más allá del horror, del inexorable horror de existir ante un mundo que le es cada vez más inaccesible. Y aterrorizado profundiza en el sentido o sin sentido de la vida donde a cada instante lo último prevalece. Sólo el acto doloroso ante la página inmaculada nos da fuerzas para no sucumbir, y a partir de la realidad que nos es tan difícil, crear otra con símbolos mágicos que la disfrazan: el parto de la creación, en este caso, creación poética, alma de la Literatura.
Creo en el escritor de oficio, en el que no vende su experiencia de vivir y prefiere recorrer las calles con todas sus vivencias sobre las espaldas y no mendigar ante ningún Poder por dignidad. No creo en la improvisación dentro del arte, mucho menos en el literario. La sensibilidad no se compra como una bisutería cualquiera, nacemos con ella, o no. Pienso que un verdadero artista debe ser de una honestidad a toda prueba sobre su conciencia creadora y hay que saber diferenciar la gran hendidura que existe entre sensibilidad y sensiblería, término éste que ha sido causa de grandes confusiones en textos que pretenden ser poemas y no lo son, porque no transforman la realidad, no la trastocan, no crean otra a partir de ella, sino que la copian tal cual es y aquí en esta vulgar copia, jamás habrá creación literaria. Y para concluir este tema, estas palabras del maravilloso Arthur Rimbaud: "Sin embargo, hoy, creo haber terminado la narración de mi infierno. Era sin duda el infierno; el antiguo, aquel cuyas puertas abrió el hijo del hombre".














MIMINA RODRÍGUEZ LEZAMA / ¿Por qué escribo?





Para mi la escritura no es un "ejercicio profesional, sino parte de mi aliento vital. Muy pequeña cuando no sabía escribir, garabateaba la corteza de los árboles y en tal forma trataba de expresarme en geroglificos.
Era una niña campesina. No tenía la suerte de otras niñas que podían concurrir a sus escuelas, pero el tiempo me trajo dos maestras magníficas, amigas de mi madre, que se turnaban para pasar el tiempo con nosotros en el campo y quienes me ayudaron mucho. Me refiero a las hermanas Olímpia y Carmen Luisa Moleiro. Nuestra casa era una inmensa casa de bahareque blanca donde en noche de tormenta se acercaban las fieras. Fui una niña poeta, emprendía larguísimos monólogos con los árboles y los muchos ríos que cruzaban la región. Las chicharras me ponían nostálgica y me hacían pensar en otros mundos fuera del entorno. Las navidades en el campo eran compartidas. Los regalos del Niño Jesús llegaban a lomo de mulas y entonces el ambiente se tornaba misterioso por la escondedera de los regalos hasta la noche buena. No había discriminación racial: éramos una gran familia. Entre estos regalos navideños nunca olvidaré un gran payaso de hojalata multicolor, cuyo rostro reflejaba una gran tristeza. Fue el juguete favorito entre todos los juguetes de la infancia.
De Las Peñas, nombre del hato donde residíamos nos trasladamos a Upata, donde todo cam¬bió como la situación económica de mis padres que era sorpresivamente difícil.
En Upata ingresé al colegio de niñas de la ciudad e inicie la escritura de un poema larguísimo que aún no ha encontrado final. De Upata nos trasladamos a Ciudad Bolívar e ingresé al segundo grado de la Escuela Zea, pero mi satisfacción era estar en la dirección, donde Anita Ramírez escribía poemas y contaba anécdotas interesantísimas. Allí se despertó mi verdadero camino de poeta que arrastraba la niña campesina junto al recuerdo de un mundo agreste, confundido con la tristeza de un payaso de latón,
Luego las referencias se van fortaleciendo con la imagen de dos mujeres maravillosas que encaminaron mis pininos de autodidacta: Graciela Rincón Calcaño en Caracas y Casta Riera en Barquisimeto, a ellas les debo lo poco que he transitado en las letras de mi país.




REINALDO GONZÁLEZ / Encuentro consigo mismo




Es difícil expresar las interioridades de un oficio. El ser creador, para unos puede ser agradable y para otros amargo. Pienso que se puede tener un prurito o una auténtica vocación. Empezar significa transitar caminos de dificultades, vivencias y angustias. Si logramos convivir con estos obstáculos, en la mayoría de las veces con dolor, podríamos llamarnos escritor. Lo contrario es una apariencia. Para mí, el tiempo es el fiel aliado del artista que pretenda de¬nominarse escritor. Hay que comprender que el arte de escribir es un oficio complejo, que amerita sacrificio, años de lectura, estudio y de perfeccionamiento de las herramientas. Debemos conocer la técnica como un recurso para la expresión y la comunicación. Después, vendrán las responsabilidades.
En los inicios sentí una inmensa energía en las manos y por supuesto un deseo voraz por rayar, dibujar, garabatear y escribir cualquier cosa con el propósito de vencer la soledad, nostalgias, melancolía y distanciamiento. Siempre he sido un solitario, desde niño, a los 18 años me marcho de mi casa y dejo todo a las margénes del Orinoco. Por años, mis acom¬pañantes fueron la Biblia y los periódicos. Por eso, empiezo publicando artículos de prensa y después es que escribo cuentos y poemas que nunca salieron a la luz pública -salvo algunas excepciones-. También escribo ibretos y recién empiezo como aprendiz de dramaturgo.
A cualquier hora, cuando la idea o anécdota fluye o madura. Escribo a mano, pulo a mano y después utilizo la máquina. Ahora, con las nuevas tecnologías -como la computadora- veremos que creamos, utilizando este valioso recurso. No obstan
te, lo importante es la realidad, los recuerdos, las vivencias, en fin la vida. Generalmente el acto de crear y de escribir es para mí una ceremonia, un ritual. Cuando escribo bebo mucha agua, mucho líquido y camino constantemente. Eso me resta mucho tiempo.
Inconforme. Como no soy graduado en letras, en mí es constante leer permanentemente sobre teoría literaria. Por eso, quizás, es que soy tan lento para escribir y verificó mucho lo escrito.
Publicar para el próximo año mi libro "Bolívar, paso a paso" y tratar de escribir para la radio. Además, quiero viajar por mi país, conocer La tinoamerica y Europa.
¡Muchos! vivir frente al Orinoco para ver pasar barquitos de papel y oir el canto de las paraulatas, acompañado de una mujer que comprenda la libertad y que no sepa sumar sino soñar.