domingo, 10 de enero de 2010

ONDINA FERNÁNDEZ /Comprometida con mi verdad




La perspectiva de un escritor es verdaderamente amplia. El auténtico escritor se siente comprometido, antes que nada, consigo mismo, con su verdad y la realidad que lo rodea. El es dueño de un mundo que se le presenta con una multiplicidad de matrices que va moldeando según su intelecto, su sensibilidad y capacidad humana. Librepensador, al fin, de altísimos ideales muy bien definidos, se convierte en un visionario, en el mago de la palabra que transporta a otras dimensiones y niveles del espíritu, sin escapar de una realidad latente, muchas veces dura, que lo conmueve y lo impulsa a una inevitable necesidad de plasmar, comunicar, expresar y dar un universo infinito de posibilidades.

Para mi el hecho de escribir nació de una búsqueda interior, de una sed interminable, de un amor infinito hacia la naturaleza y largas horas de comunión con ella; de una gran interrogante: La Existencia. Desde muy niña mi gran amor, mi gran pasión, mis grandes compañeros fueron los libros. En ellos volcaba toda mi inquietud de saber, mi deseo de esparcimiento, la necesidad de llenar mi espíritu. Devoraba libro tras libro y muchas veces hermosos ejemplares sustituyeron horas que debían ser dedicadas a tareas y estudios de la escuela. Empecé a escribir sin darme cuenta. Como una descarga. Era una vasija que se llenaba y vaciaba constantemente. Vuelta a llenar y vuelta a vaciar...

Con el tiempo he comprendido que escribir es mucho más que un don, mucho más que creatividad, mucho más que arte. Escribir es dar un poco de sí mismo, es también denunciar, es saber decir las cosas. El escritor es un soñador realista, un portavoz, el profeta de la pluma.

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