sábado, 16 de enero de 2010

CAMILO PERFETTI / Médico y escritor





Camilo me pidió escribir el Prólogo de su libro y en ese momento me sentí poseído de aquel personaje de la antigua Roma que así se llamaba, montado sobre las tablas del Teatro para exponer previamente los argumentos de la obra a presentarse.
Pues bien, el sentimiento no estaba o no está alejado de la realidad, pues de eso se trata: anteponer al cuerpo de esta obra literaria, de manera conceptual, la expresión estructural y temática de la misma y la calidad de quien la escribe.
"Percepciones Existenciales" no es una obra compacta en su unidad temática sino obra que dentro de una unidad estilística abarca aspectos vivenciales propios del autor como de la ciudad, y, personajes, unos con los cuales se coincide, y otros con quienes se disiente tangencial o frontalmente. Es una obra diversa y plural, dinámica su estructura estética y sintética, afectiva y nostálgica, pasional y visceral casos muy puntuales.
Creo que traduce la personalidad afectiva como memoriosa e inconforme del autor a quien conozco desde los años setenta en el transcurrir de la Escuela de Medicina donde imparte lecciones de Gineco-obstetricia y también en la lucha gremial, siempre dentro del contexto de las ciencias de la salud, y no hasta finales de los ochenta en ese terreno difícil de la narrativa que muestra su libro, tal vez el primero y el último, a juzgar por su forma y temática varia que reúne y resume en sus páginas.
Camilo Perfetti comenzó escribiendo en "El Bol i varense" más por impulso o necesidad de drenar disentimientos, angustias e inquietudes, que por el mismo oficio de escritor provocado por la vocación literaria. Pero tanto va el cántaro a la fuente hasta que se rompe y derrama. Lo que empezó como una simple veleidad de aficionado en las columnas de un periódico, ha terminado en un libro a fuerza de trabajar la palabra, en un libro diverso y ameno en el que discurre como una constante la figura literaria y la tonalidad política. Conozco este libro mucho antes de nacer porque lo vimos modelase muy de cerca en las manos de su creador y partero. (Américo Fernández)
Creía que después de Percepciones Existenciales no habría otro libro. Sin embargo, con Entorno de una Existencia, el primero pasa u ser en vez de último, penúltimo, gracias a que el hombre no quiso detenerse en el presente sino que reanudó su diálogo hurgando en lo profundo del pasado, de donde rescata del olvido a su ascendiente más lejano venido del ultramar como tantos europeos del Mediterráneo deslumbrados por el río que guarda los arcanos del alboreo A malivac.
Su más lejano ancestro, instalado en tierra orinoquense, era un Barbot que manejaba bien las tijeras y confeccionaba trajes a la medida. Y un día, entre flechas y rosas, el Barbot se mezcló con el Labadie y una descendiente Barbot-Labadie con un Perfetti Massei que casi difamó el destino del primer apellido para darle primacía en el tiempo al Perfetti, multiplicado tantas veces conforme a los principios del linaje de la procreación sin que haya podido escaparse por los recodos del río este Camilo tan poco devoto de San Luis y San Ramón y que ahora nos sube por las ramas de su árbol genealógico, penetrando otras frondosidades para trinar su propia historia y la de los que de alguna manera- se insertan o rozan en su circunstancia.
Y aquí está en cuerpo y alma él y los demás, vale decir, los de sus afectos y sus odios porque, Camilo, como buen guayanés desciende de corso, sabe querer, pero también aborrecer. Aborrece todo lo que no cuadra con sus propios patrones de conducta tradicional, pero sin llegar a la violencia, ésta la deja a quienes no lo aceptan o toleran. En todo caso, siempre lo encuentran armado de la palabra. Para odiar usa el filo de su lengua viva, oportuna y desconcertante. No sé si ligarlo con Nash en este reproche a su hijo: "Cualquier chiquillo en la escuela puede amar como un botarate; pero el odio, hijo mío, es un arte".

Américo Fernández







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