martes, 12 de enero de 2010

RENÉ SILVA IDROGO / Justificación del hecho



Puede intentarse o no, convencer o convencerse e

inevitablemente surge la pregunta: para qué?.

Continuar entraría en el camino del irrespeto o la

farsa. Justificar las intimidades es asqueante

porque el pudor no es una convicción moral sino

la sublimación del todopoderoso ego, salvo que

queramos engañar o usurpar. Como aquello de

las excusas, cualquier aclaratoria no pedida es

sospechosa de fraude, mediocridad y pose.

Si se imbrican otras variantes, las

implicaciones pueden ser dolorosas: "Me acuesto

repleto de alcohol y ni siquiera descanso. A altas

horas de la noche se aparece el diablo y me dicta

hasta el amanecer", decía el francés Guy de

Maupasant, padre del relato corto, cuando paseaba

por los campos de Normandía buscando

oxígeno para revitalizar las cansadas neuronas

que al fin flejaron para llevarlo a morir, envuelto

en fantasías y aterradores silencios, al manicomio

de París.

Hay que tener algún desequilibrio, se ha

dicho. Lo creo. Algunos rozan las nubes con su

carga a cuesta y sin llegar a lo Maupasant, son

un barco bamboleante de inconformidad, rebeldía

o depresión. Rimbaud a los diez y nueve

años lo había escrito todo y ahito, se fuga de si

mismo, saturado de hachís y maldiciones, persi

guiendo el amor de Verlaine, hasta hundirse en

un infierno de degradación, homosexualidad,

cansancio y arrepentimiento. "Maldigo hasta la

última frase", dijo, en su lecho mortuorio, en

Marsella, refiriéndose a una obra que sería

escudriñada con sorpresa por los siglos. Abjuró

de ella, pero la necesidad de hacerla, lo condujo a

increibles enfrentamientos hasta con una madre

castrante, a quien tenía terror y odio, para huir,

impelido por el furor acuciante de decir, crear e

inscribirse en la posteridad.

Desequilibrio menor en Cervantes que

prefirió pasar hambre antes que continuar de

recaudador de hacienda o pintoresco como el del

poeta José Ramón Medina que se concentra en

una figura amagrada de contínuo, rebozado de

pildoras, evitando cualquier ingesta hasta en los

banquetes más suculentos en que a cada segun

do pregunta a la esposa si las viandas le hacen

daño, lo que ella por costumbre contesta

afirmativamente mientras se atiborra de guisos y

exquisiteces, o la inestabilidad emocional para la vida

sentimental, los autoflagelamientos psíquicos, la

perpetua búsqueda de caminos, los que se casan y

descasan al voleo.

Se nace escritor o es posible prepararse para ello

como en laboratorio?

El conocimiento, el atesoramiento cultural, el estudio,

las vivencias, la experiencia intelectual y todo lo que

conduce a la integralidad, es el preciosismo que puede

diferenciar el resultado, pues hace distintas las herra

mientas, pero el primus movens, el toque...eso perte

nece a las pléyades.

Prefiero un buen trago, en lugar de estarme desnudan

do en público.

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