miércoles, 13 de enero de 2010

SE HA IDO LUCILA...DEJAD LAS FLORES / José Luis Cestari Villegas


Me cuentan que Lucila Velásquez -Olga Carmona Borjas, mi prima- ha muerto. Cuánto me duele su partida! No sé qué hacer para quitar de mi memoria el color de su recuerdo ("Color de su recuerdo", 1949, fué su primer libro)... ese recuerdo que tengo de ella ligado a mis ocho años de edad, en casa de mi tía Ana Rosa Borjas... Era una casita azul, sembrada al lado de otras similares en la avenida Los Cármenes de El Cementerio, Caracas. Allí vacacionábamos unas dos veces al año mi madre, mi hermano Carlos y yo, recreación esperada por todos nosotros porque nos reconectábamos con toda la línea materna familiar. Gente extraordinaria, todos ellos. Mi memoria infantil retrata a Olga (Lucila) como una hermosa trigueña aindiada, vivaz y austera, inteligentísima, sensibilísima, bellísima. Su andar rápido parecía justificar aquélla cartera y aquéllas carpetas y libros que siempre cargaba en sus brazos, como persiguiendo su propia avidez de conocimiento y creatividad en cada paso, en cada bocanada de aire. Lineal en sus principios, centrada en la lucha democrática de la época perezjimenista. Gran visionaria, valerosa y arriesgada, por sus ideales democráticos rompía cualquiera de sus escasas comodidades para amparar y proteger desde el más innominado de sus compañeros políticos hasta líderes de la talla de Leonardo Ruiz Pineda, Antonio Pinto Salinas:
"...A Jesús Avendaño combatiente
obrero de camisa abandonada
le escupieron la piel de su salario
le lanzaron palabras por pedradas
siete prisas persiguen su nombre
clandestino fulgor de profecía..."
("Todos colectivos")
"...buscó un lugar seguro donde abrazó a la patria
y descendió por calles de nombre transitorio
en tiempos destinados para vías más altas
Leonardo Ruiz Pineda cayó sobre un contorno
de ¡mármol! y los astros levantaron un Acta..."
("Meditación ante su muerte")
"...Antonio Pinto era una orden que silbaba
no podían callarla desde el silencio..."
("Canto vivo por Antonio Pinto")
"Color de tu recuerdo" (1949) y "Amada tierra" (1950) describen una concepción neorromántica de su poesía. En ellos se desplaza el amor, su existencia humana y su interrrelación universal en cada palabra, en cada verso.
Una de las cosas más bellas que le ocurrió a Lucila fué ser madre. No sé si les pasa así a todas las mujeres que hacen poesía, pero ella entró en una dimensión existencial gigantesca que logró en parte plasmar en una de sus obras más sesnsibles y espirituales; "En un pequeño cielo".
Cuando crea "Poesía resiste", en 1955, monta Lucila en el potro del verso libre. Seguramente que era ésta la época en que la recuerdo allá en la casita de Los Cármenes...Isabel y Jesús Ramón también combatientes activos de la resistencia...
Seguridad Nacional...cárcel...atropellos...
delaciones y traiciones...Fidel y el Ché en su vida de entonces...el ulterior desencanto...
el multígrafo sobre la mesa de comer...
papeles...huídas...escondites...
Mis recuerdos infantiles retrataron todo aquéllo en detalle. Casi a diario venían todos esos líderes a casa de Ana Rosa. Recuerdo a Leonardo, a Antonio...escribían sobre la misma mesa en que comíamos...tomaban café y fumaban...otros llegaban con cajas...con informaciones...con noticias...Olga (Lucila) era bravía e intensa...líder...lo que yo no he podido explicar es cómo le hacía para extraer versos, y belleza, y espíritu de cada ay dolido de aquélla oscura etapa de la vida venezolana...tanto dió a la piedra y al metal que dobló sus estructuras y creó sus mejores obras en sus momentos más heridos y solitarios.
Pero me niego a creer que tenga yo estatura suficiente como para antologizar la obra de Lucila Velásquez. Ni siquiera a veces me creo que pueda mi alma concebirla en su dimensión poética, o política, o diplomática, o periodística, porque carezco de elementos críticos apropiados y estoy haciendo un esfuerzo -casi familiar- por centrarme en su esencia diferente a la Olga que fué mi muy querida y admirada prima. Casi todos mis versos pasaron por sus ojos amorosamente judicativos, y debo decir aquí que ella jamás emitió opinión sobre mis aventuras y devaneos poéticos, como el sabio que calla ante los primeros pasos -vacilantes y fallidos- de su alumno.
Por eso hoy, sintiéndola en plena de luz al lado de nuestro Padre Creador, al fin desplegándose para ella Sus Misterios por los que tanto investigó desde "El Arbol de Chernobyl", "Algo que transparece", La Rosa Cuántica", "El tiempo irreversible", "La singularidad endecasílaba", "La próxima textura", "Se hace la luz", lleno de un sentimiento puro ante su memoria me digo:
"Olga Carmona (Lucila Velásquez) vivió sensiblemente en su "amada tierra", siendo su hija y su poesía las dos creaciones que la arrullaban "en un pequeño cielo". Su "Indagación del día" hizo que se mantuviera "Acantilada en el tiempo" ante la horrible muerte de "El Árbol de Chernobyl", marchando de allí "A la captura de la complejidad" hasta llegar al punto cuántico en el que encuentra "Algo que transparece" en su propia alma, abriendo su "Rosa cuántica" al "tiempo irreversible", usando al once sagrado en "La singularidad endecasílaba" para fabricar "La próxima textura" , esa que adquirió al desprenderse su alma de la materia que la aprisionaba y oscurecía. Al partir hacia Dios, pudo al fin decir: "Se hace la Luz".
"...poesía / soy tu entraña encendida / la parte de tu sien que resplandece"
-Así la rúbrica de Eunice Odio, abriendo el postigo de la luz poética de mi familia, Olga Carmona, mejor conocida en el mundo de las letras como Lucila Velásquez...¡Paz y Luz para su alma! ¡Sus versos seguirán en mi mesa de noche, lámpara que mi corazón se niega a apagar!










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